lunes, 18 de diciembre de 2023

Apego en la infancia y su reflejo en las relaciones de pareja

 



    El apego es una dimensión esencial a tener en cuenta en las relaciones de pareja. Este es, por definición, un vínculo emocional, recíproco y duradero establecido entre los/as niños/as y su cuidador/a, cada uno de los cuales contribuye a enriquecer la calidad de la relación (Bowlby, 1969). La teoría del apego se ha convertido en una de las más influyentes a la hora de comprender el proceso de regulación de los afectos en las relaciones, además de ser un factor muy influyente en la salud emocional y el desarrollo psicosocial de las personas (Medina, Rivera y Aguasvivas, 2016). La figura de apego conforma un papel de apoyo, refugio, seguridad y de ayuda en tiempos difíciles (Collins y Pietromonaco, 2017).


    Las conductas de apego se forman en los niños durante el primer año de vida, aunque estas se encuentran activas y cambiantes durante todo el ciclo vital del individuo. Existen diversos estilos de apego infantil que se dividen de forma general en dos tipos: seguro e inseguro. Por un lado, el apego seguro hace referencia a una relación de unión saludable, donde se reciben las atenciones y cuidados necesarios y suficientes para que el desarrollo sea el adecuado. En su defecto, el apego inseguro se desarrolla cuando la figura de referencia presenta determinadas carencias respecto al cuidado. Se puede clasificar en tres estilos diferentes: apego evitativo, apego ansioso-ambivalente y apego desorganizado (Langlois, 2017).


    El apego evitativo destaca por una manifestación del recuerdo fría. En su cuidador/a principal se encontraban carencias para responder a sus necesidades básicas. En el estilo ansioso-ambivalente, el recuerdo que se presenta es de un tono afectivo, con falta de comprensión por parte de las figuras de apego (Medina et al., 2016). Los niños con apego ansioso en su infancia son emocionalmente sensibles y presentan una gran dependencia hacia sus cuidadores causado por la dificultad de gestionar de forma independiente las emociones negativas y con una excesiva preocupación a dejar de ser querido y aceptado por los demás. Por último, en el apego desorganizado, se recibieron cuidados intermitentes, en muchas ocasiones el acercamiento a los cuidadores les proporcionaba rechazo, e incluso en casos más extremos algún tipo de maltrato (Langlois, 2017). 


    Según la teoría del apego, nuestras conductas en contextos relacionales, así como nuestras expectativas con respecto a las relaciones sociales se basan en las representaciones sobre nuestra forma de relacionarnos en el pasado. Se pueden modificar en función de las circunstancias y tratan cuestiones como la posibilidad de atracción de la atención al otro y saber si se es merecedor o no del cariño de su figura de apego. (Yárnoz y Comino, 2011).  Hazan y Shaver (1987) establecen que los tres principales estilos de apego descritos por Bowlby (1982) en sus estudios sobre la infancia se ponen de manifiesto en el amor de pareja adulto. El estilo de apego formado durante la niñez se convierte en un factor condicionante del apego adulto.


    En los adultos, se sabe que las personas con apego seguro afrontan de manera más constructiva sus emociones negativas porque tienen un conocimiento sobre las mismas y buscan la ayuda y el soporte en sus figuras de apego cuando lo necesitan. Presentan niveles más elevados de satisfacción en la relación de pareja, mayores niveles de apertura, confianza y capacidad de resolución de situaciones cotidianas que les permita un pleno disfrute (Ortiz, Gómez y  Apodaca, 2002). 


    Por otra parte, los adultos con apego evitativo presentan dificultades para mantener relaciones interpersonales a causa de la incapacidad de manejar los niveles de confianza e intimidad que se necesitan en una relación y dificultando el compromiso afectivo. Los individuos que presentan apego ansioso-ambivalente se sienten indefensos y tienden a mostrar expresiones intensas de rabia y miedo, una estrategia para reclamar el contacto, tienden a experimentar desconfianza frecuentemente, basado en un sentimiento de abandono. Este sentimiento deriva en la constante búsqueda de afecto e intimidad a causa de la inseguridad, lo que perjudica la satisfacción en la relación (Medina et al., 2016).


    Las personas con un estilo de apego desorganizado son las que tienen más dificultades para presentar satisfacción en relaciones de pareja debido a que utilizan la desactivación de las necesidades de apego para afrontar situaciones íntimas que le generan malestar. La negación de las necesidades emocionales y la evitación de la intimidad generarán un terreno poco propicio para obtener gratificación en sus relaciones. Unido a la evasión en situaciones de necesidad, no dan la oportunidad a que la pareja se constituya como una fuente de contención y ayuda emocional (Barroso, 2014).


    Los estilos de apego se combinan de forma lineal a lo largo de estas dos dimensiones; por ejemplo, una persona que suele estar preocupada, se muestra atenta a cuestiones relativas al apego y no emplea estrategias de evitación para regular sus comportamientos y sentimientos. Sin embargo, una persona temerosa se encuentra interesada en cuestiones relacionadas con el apego pero, a diferencias de las preocupadas, emplea de manera típica estrategias evitativas para regular sus comportamientos y sentimientos. Ambas tendencias oscilan entre estas dos dimensiones. La inseguridad en la relación de pareja que se encuentre en dichos niveles de ansiedad y evitación, se asocian a una  menor calidad de satisfacción y compromiso (Martínez et al., 2014). Todos estos aspectos nos llevan a pensar en la importancia de recibir tratos de cuidado y afecto en los primeros años de vida. 



Desire Costas Toscano 
Psicóloga colaboradora de Latour Psicología.



Bibliografía


Barroso, O. (2014). El apego adulto: La relación de los estilos de apego desarrollados en la infancia en la elección y las dinámicas de pareja.  Revista Digital de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, 4(1). Recuperado de https://www.psicociencias.org/pdf_noticias/Apego_Adulto.pdf


Collins, N. y Pietromonaco, P. (2017). Interpersonal Mechanisms Linking Close Relationships to Health. American Psychologist, 72(6), 531-542. doi:10.1037/amp0000129


Hazan, C. y Shaver, P.R. (1987). Romantic love conceptualized as an attachment process. Journal of Personality and Social Psychology, 52, 511-524. doi:10.1037//0022-3514.52.3.511


Langlois, R. (2017). Attachment Theory in Adolescent Counselling. BU Journal of Graduate Studies in Education, 9(1). Recuperado en https://files.eric.ed.gov/fulltext/EJ1230429.pdf


Martínez, J.,Fuertes, A.,Orgaz, B., Vicario, I. y  González, E. (2014). Vínculos afectivos en la infancia y calidad en las relaciones de pareja de jóvenes adultos: el efecto mediador del apego actual. Anales de psicología, 30(1), 211-220. Recuperado en https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4523499


Medina, C., Rivera, L. y Aguasvivas, J. (2016). El apego adulto y la calidad percibida en relaciones de pareja: Evidencias a partir de una población adulta joven. Salud y sociedad, 7(3), 306-318. doi:10.22199/S07187475.2016.0003.00005


Yárnoz, S. y Comino, P. (2011). Evaluación del apego adulto: Análisis de la convergencia de diferentes instrumentos. Acción psicológica, 8(2), 67-85. doi:10.5944/ap.8.2.191


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